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¿El mundo olvida a Bélgica salvo cuando se trata de atacarla?

25 de agosto de 2026 · rontumero27_74028
¿El mundo olvida a Bélgica salvo cuando se trata de atacarla?
En las últimas horas ha trascendido la firma del Tratado de la Entente de Berlín, un pacto de cooperación, amistad y defensa mutua rubricado por Rusia, Prusia, Suecia-Noruega, Italia, España y el Imperio Británico. Seis grandes potencias, sentadas alrededor de la misma mesa, sellando con solemnidad un acuerdo destinado, según sus propias palabras, a preservar "el equilibrio europeo" y "la grandeza de Europa". Un nombre, sin embargo, brilla por su ausencia en esa lista: Bélgica. La omisión no ha pasado desapercibida entre los ciudadanos de Umbrathel, y es lícito preguntarse por qué. Bélgica no llega a este momento como un territorio irrelevante ni como una nación al margen de la escena internacional. Muy al contrario: se encuentra en pleno proceso de reforzamiento, con una inversión creciente en defensa y armamento y una producción económica que no ha dejado de crecer en las últimas semanas. Es, dicho sin ambigüedad, una nación que ha demostrado tanto músculo como determinación en cada uno de los envites que ha tenido que afrontar recientemente. Y sin embargo, a la hora de repartir asientos en la mesa de "la grandeza de Europa", Bruselas se ha quedado sin invitación. Lo más inquietante no es únicamente la ausencia en sí, sino el contexto en el que se produce. Mientras Prusia, Rusia, el Imperio Británico y el resto de firmantes celebraban su nueva entente bajo el discurso de la cooperación y la defensa mutua, el panorama geopolítico que rodea a Bélgica no podría ser más distinto: Francia se prepara abiertamente para enviar nuevas fuerzas con el objetivo declarado de raidear el territorio belga, buscando desgastarlo aunque sus intentos vuelvan a estrellarse contra los reforzamientos defensivos que Umbrathel ha ido construyendo con tanto esfuerzo. Es decir, mientras unos firman pactos de amistad entre sí, a Bélgica se le deja sola frente a quien no oculta sus intenciones de seguir golpeándola. Conviene ser prudentes: no hay, por el momento, confirmación de que este pacto esté cerrado exclusivamente a las grandes potencias, ni de que la exclusión de Bélgica responda a un desprecio deliberado por parte de sus firmantes. Puede tratarse, simplemente, de un criterio de peso geopolítico, de tamaño de territorio o de cualquier otro factor ajeno a la voluntad expresa de dejar a Umbrathel fuera. Sería injusto lanzar acusaciones sin fundamento sobre naciones con las que Bélgica ha mantenido, hasta la fecha, relaciones correctas. Pero la duda, una vez sembrada, es difícil de erradicar. Y entre la ciudadanía belga esa duda ya circula abiertamente: ¿son de verdad nuestros aliados quienes hoy nos dejan fuera de sus pactos, o simplemente nos ven como lo que somos sobre el mapa, un pequeño territorio de apenas ocho nodos que, mientras no moleste ni reclame demasiado, puede quedar cómodamente al margen de las grandes decisiones? Es una pregunta legítima, y no responderla no la hace desaparecer. — Umbrathel News